Identidad Deportiva

Identidad Deportiva – Una columna de Guillermo Vázquez en vlogazul.com

La identidad de un equipo deportivo, al igual que el de una persona, es un conjunto de características inconscientes que derivan en una forma de actuar automática ante diversas circunstancias. Lo que creemos que somos, o mejor dicho, lo que sentimos que somos independientemente de lo que hacemos determina nuestros resultados. Por ejemplo, en una persona cuya identidad es tener sobre peso, una dieta o una rutina de entrenamiento serán únicamente soluciones temporales: dada su identidad dicho individuo recobrará el peso perdido rápidamente.

Nuestra identidad determina inconscientemente nuestros resultados. Cuando extendemos esto a un grupo de personas llámese familia, sociedad, equipo, empresa, etc. dicha identidad se conoce como paradigma. Ahora bien, ¿cómo funciona en un equipo deportivo? Los paradigmas de un equipo son actitudes que son comprendidas, adquiridas y reinterpretadas históricamente por los miembros de una institución. Y son también la base emocional que fusiona a los aficionados con dicho grupo.

La identidad encontrará sus fundamentos en la constante repetición de un mito fundacional: la respuesta básica a las preguntas a qué, porqué y cómo jugamos, sustentada y luego mantenida a partir de la confirmación del éxito de dicha fórmula. Remontándonos a los orígenes del futbol, al menos los orígenes comprobables del deporte moderno, se trataba del enfrentamiento de pueblo contra pueblo, primero como medio para resolver disputas, luego como costumbre que en la memoria colectiva conectaba con antiguas emociones tribales.

Ya en el siglo XIX, una vez establecido el deporte, reglamentado y sujeto a sistemas de competencias que siguen vigentes, dicha consciencia de identidad se hereda y consolida en los colores, banderas, cantos y sobre todo, la forma de interpretar el fenómeno competitivo por parte de los muchos jugadores, entrenadores, aficionados y directivos de los diversos clubes a lo largo de los años. La forma de interpretar dicho fenómeno independientemente de las variaciones en el modelo táctico del juego, aunque no plenamente desvinculado. Notable ejemplo sería el Catenaccio Italiano. un sistema de juego tan propio e históricamente eficiente, que conforma ya buena parte de la identidad de sistema para entender el fútbol al interior y al exterior de la península italiana.

Los cambios en la identidad de un equipo, suelen ser procesos dolorosos, caóticos. Primero, porque pocas veces nos detenemos a teorizar al respecto, mucho menos a revisar y trabajar sobre dicha identidad. Igual que en todos los procesos humanos, cometemos el error de pensar que las cosas serán siempre iguales, sobre todo ante la perspectiva de resultados positivos. la selección Uruguaya y el fútbol uruguayo, pasaron de ser la potencia dominante a nivel mundial, a un equipo medianamente competitivo de Sudamerica en menos de veinte años. ¿Qué pasó? ¿Qué hicieron diferente? -Nada. No cambió nada. Y ese fue precisamente el problema: Ya para los años 60’s, la legendaria identidad de “la garra charrúa” Era incompatible con el nuevo modelo de excelencia competitiva.

El shock y consecuentemente el trauma, son eventos decisivos en la transformación de la identidad tanto de un individuo como de una institución deportiva. Una derrota en una final, o en un clásico; una goleada, son capaces de cambiar el paradigma de un equipo de forma negativa. Más grave aún. Si dicha generación de futbolistas no es capaz de revertir la afectación en su identidad, la próxima generación hereda el paradigma, extendiendo el efecto negativo con malos resultados.

Caso notable de este ejemplo es el Deportivo Cruz Azul de México. Conocidos como “la máquina” Cruz Azul se había distinguido, durante las décadas de 1980- 1990, como un equipo eficiente, ganador. Poseedores de un estilo no muy vistoso habían encontrado sin embargo, el equilibrio ofensivo- defensivo necesario para encumbrarse como uno de los tres mejores equipos de México. Arrancando el siglo XXI, alcanzaron una oportunidad jamás vivida por una escuadra mexicana: la final de la copa Libertadores. Habiéndole plantado un gran partido a Boca Juniors, tanto de local como de visita, sucumbieron sin embargo 3-1 en penales.

Aquella derrota era especial. Se sentía en el ambiente casi de forma material. Tenía un componente pocas veces visto en el futbol mexicano: expectativa. Cruz Azul había sido mejor que Boca, después de la ida en el estadio Azteca, quedaba claro que era sólido candidato al título continental. Pero no sucedió. Rápidamente las aficiones rivales y la prensa se dieron a la rapiña, instalando a los celestes como “los eternos ya merito” “ el primer perdedor” y anclados, tal vez, en emociones intensas y dolorosas, los cruzazulinos fueron incapaces de responder al bulling, siendo también incapaces al parecer de rehacer su identidad:

No podían volver a ser lo que habían sido, ya no, ¿Cómo después de haber llegado a donde ningún equipo mexicano había llegado antes? Pero tampoco habían accedido a la lógica evolución que daba la oportunidad. Se perdieron en un limbo, en el cuál siguen instalados a pesar de haber reclutado jugadores y entrenadores de primer orden durante los últimos 16 años. Cada derrota contra rivales acérrimos, cada derrota en liguilla y finales parece un eco pernicioso que rememora aquella tarde en Buenos Aires: aquel momento, como un complejo de Ícaro, se ha convertido en el mito fundacional del equipo.

Los equipos que no contemplan el estado actual de su identidad, al enfrentar las crisis, natural en los procesos humanos; se enfrentan a la necesidad del cambio desde la angustia y la desesperación propias de los juegos de azar: apuestan cientos de millones de dólares esperando encontrar el esquema táctico, o al director técnico o a los jugadores que puedan cambiar las cosas. La cuestión se torna un poco más trágica considerando los esquemas de competencia vertiginosos de la actualidad: Existe la necesidad neurótica del resultado, descartando la posibilidad de procesos extendidos de prueba y error indispensables para la creación de nuevos hitos. De manera que el espacio para la mejora de un equipo a través de un cambio táctico, o de una renovación de plantel, es cada vez más estrecho: No imposible, solo menos probable.

La renovación de la identidad, al igual que en los individuos, en los equipos debería darse como un proceso independiente al desarrollo de su actividad natural. Se trata de encontrar una nueva mentalidad, una definición nueva y clara de sí mismos más cercana a la consecución de sus objetivos.

Un comentario sobre “Identidad Deportiva

  1. Excelente análisis de la situación de la Cruz Azul. Muchos esperamos que encuentren la fórmula que los ponga de nuevo en el lugar de equipo grande que son.

Qué Opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s