Los recuerdos del Chelito Delgado

Los recuerdos del Chelito Delgado – La columna de El Capi Hernandez en La Legión de El Capi.

Los recuerdos del Chelito Delgado pasan por mi mente como si fuese una película desde que llegó a Cruz Azul para el Apertura 2003. Sus actuaciones en las canchas del fútbol mexicano, su estilo de juego, el carisma y la humildad con la que se manejaba en su estadía en La Noria fueron las causantes de que el rosarino se convirtiera en uno de mis máximos ídolos del cementero.

Cesar Delgado llegó a las filas de La Máquina como una incógnita pero debido al talento que poseía, se ganó mi cariño y el afecto de muchísimos aficionados en su primer torneo, algo que fue totalmente inexplicable en ese momento, pero fue en su segundo torneo con Cruz Azul en el 2004 que pasó de ser un jugador de grandes cualidades a un ídolo indiscutible entre la afición cruzazulina.

El Estadio Azul se llenaba tan solo para ver al nuevo ídolo, niños y gente de todas las edades portaban la indumentaria cementera con el 19 en sus dorsales. En ese entonces yo tenía 13 años, esperaba con ansias el fin de semana para ver el partido de Cruz Azul con mi papá y disfrutar de las gambetas endiabladas del Chelito, de esos oles que se escuchaban en las tribunas del Estadio Azul ante las jugadas de fantasía, de los goles y de las asistencias de César Delgado.

Un goleador en toda la extensión de la palabra que con su tradicional celebración ante las cámaras mostraba con orgullo el tatuaje de su pequeñita Dulcinea. Un referente de La Máquina en aquel entonces, un jugador ejemplar que se ganó mi respeto y mi admiración al cual trababa de emular en el terreno de juego a nivel amateur, vestía la 19 en mi dorsal y quería ser como el. Coleccionaba infinidad de productos con su imagen y los cuidaba como si fuese mi más grande tesoro, eso y más significaba para mí.

No se si algún día César Delgado regrese a La Máquina pero lo que si tengo bien en claro es el amor, el respeto, la admiración que tengo por el rosarino. Uno de mis más grandes ídolos del cementero, quién me brindó infinidad de alegrías y porque no, también decepciones y tristezas porque no todo fue de maravilla pero el deleite de verlo jugar con el equipo de mis amores era inigualable.

Así es, ese fue mi ídolo Cesar el Chelito Delgado.

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